Serendipia

Pasaron varias vidas, y en cada una te busqué.

Te busqué por mundos extraños, por galaxias inexploradas, por lugares que quizá nunca existieron. Te busqué hasta sentirme desfallecer. Llegué a pensar que tal vez eras una ilusión, un invento de mi mente. Y yo, mientras tanto, pensando en ti, armando galaxias, creando mundos… simplemente soñando, llenándome de cada gota de ilusión que dejaba tu imagen.

Sin embargo, algo dentro de mí insistía en que no eras una fantasía. Que en algún lugar existías, aunque todavía no fueras parte de mi realidad.

Con todo en contra, lo aposté todo. Entre la esperanza y la incertidumbre me debatía. Mientras el mundo dormía, yo soñaba contigo, imaginando cómo serías, cómo sería conocerte y si esa mirada dulce y sensual que había descubierto sería realmente el reflejo de tu alma.

Pasé el tiempo buscándote sin siquiera saber dónde hacerlo.

Y aquí estoy, en un día común y corriente, con una certeza extraordinaria: te encontré. No eras producto de mi locura, ni una invención de mi deseo. Existes. Ocupas un lugar en este universo.

Y después de tanto tiempo buscándote, aparece una pregunta mucho más difícil:

¿Podré algún día mirarte a los ojos… esos mismos ojos que, sin saberlo, me trajeron hasta ti?

Y ahora, ¿qué hago con saber que estás ahí?

No quiero ser tu oxígeno. Quiero ser aquello que te lo quite por un instante: robarte el aliento, arrancarte suspiros, alterar el ritmo de tu respiración, hacerla entrecortarse y acelerarse… hasta que, por unos segundos, olvides respirar.

No quiero darte vida.

Quiero acompañarte a comprobar que estás viva.

Y cuando finalmente pueda mirarte a los ojos, decirte, sin necesidad de explicar nada:

Valió la pena esperarte unas cuantas vidas.

Escríbeme

Deseas compartir algo conmigo, escríbeme y estaremos en contacto.